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José Ignacio García – Muñoz (Queche)
La fotografía que abre este artículo, hace valer aquella frase de que una imagen vale más que mil palabras.
Imagine usted ahora querido lector, que va a jugar un partido de futbol contra un rival al que el árbitro permite hacer toda clase de faltas sin que por ello vaya a ser sancionado, y sin embargo a usted le aplicará el reglamento con todo rigor; resulta evidente que usted lleva todas las de perder…Pues algo parecido sucede con nuestros agricultores y ganaderos: van a jugar el campeonato de Mercosur con el árbitro en contra.
Mercosur, es un bloque comercial sudamericano formado por Argentina, Brasil, Uruguay, y Paraguay, con Bolivia en vías de adhesión, y que tiene como finalidad crear una zona de libre comercio sin aranceles ni barreras, beneficiando a empresas españolas y europeas que exportan a Sudamérica.

Hasta aquí, en principio, todo parece beneficioso para todos los componentes del acuerdo (UE, y Mercosur). Se abre un amplio mercado al que poder exportar una gran variedad de productos.
Entonces, ¿Dónde está el problema?
Pues el problema se enquista en el sector agrícola y ganadero fundamentalmente. Resulta, que en la Unión Europea (UE) se produce con unos estándares de calidad muy diferentes a los de los países que forman Mercosur. Por poner solo unos ejemplos, hay productos fitosanitarios que en la UE están prohibidos, y sin embargo en los países antes referidos no.Hablamos de abonos, herbicidas, plaguicidas y toda una retahíla de productos que son considerados perjudiciales para el ser humano que aquí estarían prohibidos, pero que allí no lo están. Lo mismo cabe decir del sector ganadero. Anabolizantes y antibióticos, son usados de una forma infinitamente menos restrictiva allí que en la UE de la que formamos parte. En definitiva y sin entrar en la trazabilidad, manejo de animales, o condiciones de almacenamiento y conservación de los diferentes alimentos, en un principio los alimentos producidos en la UE, tienen infinitamente más garantías sanitarias lo que los convierte en más caros.

Voy a tratar de aclarar con un ejemplo sobre un ternero alimentado aquí, con las restricciones de aquí (UE), y otro alimentado en cualquier explotación de la zona Mercosur:
En Europa, la clasificación de las canales cárnicas responde a las letras que componen la palabra Europa, siendo la E la más cara y de mayor calidad, y la P la de menos calidad. Esa calidad, se fija atendiendo al porcentaje de magro y de grasa que presente la res sacrificada, es decir al rendimiento.
Ahora, usted tiene un choto y lo alimenta durante seis meses siguiendo los estándares de la UE, y a los seis meses lo lleva usted al cebadero con doscientos kilos, y allí, al cabo de los quince meses llega a los seiscientos antes del sacrificio, lo que dará una canal de unos trescientos cincuenta kilos. A usted le van a pagar el choto por lo que pesa, y por la conformación de esa canal (recuerdo: porcentaje de grasa y magro entre otras cosas). ¡Y ahora viene cuando la matan!: por un ternero que tenga más grasa infiltrada en la carne (lo que no quiere decir que sea de peor calidad. Y si no, recuerde el tocinillo del jamón de bellota) le van a conceder a usted la clasificación U, mientras que a un ternero reforzado con anabolizantes, le van a conceder la E por tener menos grasa, pero la contrapartida ¡y aquí es donde está el quid de la cuestión! es, que cuando usted se alimente de esa carne, estará incorporando anabolizantes, antibióticos y demás productos que aquí están prohibidos pero que allí no restringen tanto, con lo que su salud se resentirá a medio y largo plazo, si no es antes.


Traslade todo esto al terreno agrícola; con los pesticidas, los abonos y demás, y tendrá la explicación de la primera fotografía. Producir aquí cuesta más porque la calidad es mayor debido a las exigencias que la propia UE se ha fijado como norma.
Es como comprar un coche que en vez de frenos de disco, los tiene de tambor. El motor de un dos caballos, y menos ayudas a la conducción que un Seat Panda; resulta que sí, que es un coche, pero compárelo usted con uno moderno, y comprobará que la seguridad deja mucho que desear, y en caso de colisión no le arriendo las ganancias.
Un jornalero de Paraguay (país de Mercosur) gana al día 111.502 guaraníes (moneda oficial del país) Un euro son 7812 guaraníes.

Un jornalero argentino gana 27000 pesos (unos 16 euros), y un euro son 1658 pesos.
Un jornalero brasileño gana 2156 reales brasileños al mes, lo que son unos 340 euros.
ALGUNOS DATOS MÁS:
Aquí, un tractor de doble tracción cuesta unos 95000 euros, y pueden llegar a los 150000.
Un kilo de manzanas Golden grandes a pie de árbol se está pagando a 0,70 el kilo.
La aceituna entre 0,20 y 1,20 euros, y la de mesas entre0, 60 y 5,50.

El seguro básico de herbáceas entre 20 y 50 la hectárea, y el de frutales y cultivos de alto valor entre 100 y 150 la hectárea.
La mayoría de explotaciones agrícolas en Sudamérica están en manos de grupos de inversión. Añada usted los lobbies empresariales y políticos (grupos de presión)
China, EEUU, y en menor medida Europa y terratenientes locales poseen la mayor parte de tierras de cultivo, siendo sectores clave la soja, la celulosa y la ganadería…Un verdadero pandemónium en el que uno se pierde en un mundo de intereses.
Además de la salud, todo esto tiene una serie de derivadas como son: la falta de relevo generacional, el vaciado de la España rural, el deterioro de los ecosistemas, la dependencia, y el hastío general de los agricultores y ganaderos que no terminan de verlo claro.

Honestamente, creo que todo este follón no es más que un intercambio de cromos entre los que ponen la “pasta” aquí y allí. Tú me compras los tomates y los terneros, y yo te compro los coches. Yo te vendo esto y aquello, y tú me vendes lo de más allá, por decirlo de forma simple y que se me entienda.
Cabe preguntarse por qué Alemania, Italia o España si firmaron, y por qué Francia, Austria, Polonia o Irlanda se opusieron… ¿es que no ven en la UE que las condiciones son injustas para el sector agrícola y ganadero? ¡Claro que lo ven!, pero el asunto está en lo que nos ocultan, en aquello de lo que no debemos enterarnos y por lo tanto opinar.
Yo, de momento seguiré con lo que vengo haciendo toda mi vida: mirar las etiquetas, y lo que no sea de origen España, no entra al carro de la compra. Puede ser injusto para otros miembros de la UE, pero hasta que nuestros gobernantes no nos traten como a adultos poco más puedo hacer.
