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Paki García Velasco Sánchez
Y empezamos a escribir desde cero este libro en blanco del 2026, con 365 nuevas oportunidades para colorearlas a nuestro gusto ……
Día uno de 365: Levantarse, abrir la ventana, asomarse al mundo y gritar fuerte hasta que vacíes de cosas negativas tu cuerpo y mente … Vamos, ¡nosotros podemos!!!!
Y es que después de pasar otro año más por nuestra vida y con el sabor de aquel “lejano” 2025 aún en la boca, quiero decir que… ¡vaya tela hasta que me acostumbre a poner la fecha bien!!, todos los años me pasa la misma historia jajaja.
Y ya haciendo un pequeño resumen de lo que dio de sí la noche de ayer, donde y desde primeras horas de la tarde, las casas olían a fiesta, a hornos encendidos y a nervios… los nervios de que no falte pan, de que sobre comida y de que se hayan comprado las uvas (la cosa más importante de esta noche etc…). También quiero decir que con el pasmazo que tenemos en la familia, nuestros villancicos sonaban en clave de “tos menor”, y claro, en las campanadas entre uva y uva iba una tos, pero eso sí, anoche fueron uvas y no juanolas como en el ensayo de por la mañana en la plaza.
Aunque si hablamos de las protagonistas de la noche: las uvas, tela marinera que uvas, ¿vosotros habéis visto los melones del super, esos chiquitillos??…. pues hermanos gemelos de ellas (mieja más o menos). Jolín, ¿pero hay alguien en su sano juicio que se piense que te van a caber 12 susodichas así de ese tamaño en la boca??? Y más aún, ¿que te las puedas tragar todas juntas de un bocao? Pos estaba yo pa eso con mi gaznate de pajarillo culón, ¡ni que fuera una anaconda!
Y es que esta noche, cuando el reloj empieza a acercarse peligrosamente a las doce, se produce el ritual más repetido del país: personas contando uvas, recalculando uvas, escondiendo uvas “de repuesto” por si acaso y mirando el reloj como si fuera a cambiar de opinión. Y entonces llegan las campanadas, siempre más rápidas de lo que uno recuerda, y así, entre risas y carraspeos, las uvas van cayendo una tras otra como pueden, algunas masticadas, otras engullidas e incluso algunas tragadas enteras.

Y luego está lo de todos los años, ¡que esa es otra!, o te sobran uvas al terminar o te faltan porque te las has zampao en los cuartos, osea, en el repiqueteo que precede a las campanadas, no en los cuartos de baño o los cuartos de dinero (money, money). Porque si tienes a alguien al lado que se dedica a echarte alguna uva “descarriá” en el platillo sin que te des cuenta, te dan las campanadas de Canarias y sigues rumiando el jugoso fruto de la vid jajaja
Pero eso sí, estando pachucha o estando al cien por cien, con vestido de gala, o mandil de brilli brilli lleno de lamparones, lo mejor es poder seguir contando con esa tradición de juntarnos alrededor de una mesa en esta noche mágica para despedir y dar la bienvenida al año consiguiente, eso mientras podamos siempre será así.
Y después del barullo de las uvas, del brindis, de los besos y de que suene la canción fetiche de Mecano (especial de este día), toca el bailoteo, contestación de WhatsApp y como no, ¡los típicos juegos de mesa!
Por lo que, momentos después con el estómago lleno de felicidad y la alegría en modo turbo, la noche derivó inevitablemente en bailes. Da igual la edad que tengas, el espacio donde te encuentres o la coordinación de movimientos, en Nochevieja ¡todo el mundo baila! Desde el clásico y simple movimiento de hombros hasta coreografías impresionantes y que nadie ensayó, pero que todos defendemos con dignidad y entusiasmo (aunque el ritmo vaya por un lado y nuestros pasos por otro). La música saltó de décadas, estilos y volúmenes, y cada canción parecía mejor que la anterior para darlo todo, al menos en ese momento bailando con pasos inventados sobre la marcha y gritos fuera de tono.

Y así, entre bailoteos, risas, fotos borrosas, abrazos infinitos y promesas de “este año sí que sí”, la noche se fue deslizando poco a poco sin pedir permiso y una vez más cumplió su función, despedir el año viejo con humor, exceso y cariño, para dar la bienvenida al nuevo con la mejor de las actitudes; hasta que, entre una cosa y otra, el cuerpo aguantó lo que pudo, los ojillos no podían mantenerse abiertos ni las neuronas espabilás… vamos, lo justo para que el sofá empezara a llamarnos uno a uno por nuestro nombre jajaja
Pero si algo nos enseñó esta noche del 31 es que, pase lo que pase, siempre habrá uvas, brindis, abrazos y alguien bailando como si nadie mirara…porque al final lo importante es la intención, y con ella, el año nuevo ya estaba oficialmente inaugurado.
Y hasta aquí mi primer artículo del año, que, según tal y como llevéis la resaca del champán y los langostinos, os habrá sentado como un bálsamo o como un cubo de agua helada en plena cara a las siete de la mañana en estos días de niebla y frío.
¡Feliz inicio de año gente!
