ISLA DE LA LUZ

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Uno del Pueblo

Fotografías: Joaquín Villalonga, Queche y Cencerrado.

Y el pueblo, otro año más, se lanza a la calle. Que no es que yo lo diga. Transmitimos desde nuestro digital daimieleño el sentir de nuestras gentes. De mucha gente. De la mayoría de las gentes de Daimiel. Esto no hay quien lo pare. Los ojos, ven. Los oídos escuchan y “sienten”. Los sentidos se alteran. Algo está pasando en Daimiel. El cristianismo se vuelve a manifestar, acompañando masivamente a la representación de la Pasión de Cristo, de la forma que, es evidente, más gusta a los cristianos. “Tos por igual, valientes”, pero traducido al daimieleño: ¡¡Atentos!!, ¡¡ Arriba!!. Todo esto cuando al amanecer reaparece el Nazareno de la Paz.

En tiempos convulsos, el pueblo llano continúa fiel a la figura del pacificador, que 2.026 años después sigue liderando con un mensaje social fácil de entender y asimilar: “Amaos los unos a los otros”. El pueblo sencillo celebra y comparte este mandamiento clave en la historia de gran parte de la humanidad. Predicar y ser fiel a tu propia convicción hasta dar tu vida por ello, es la clave de esta doctrina que se manifiesta y escenifica cada año. Cristianismo seguido por la multitud, con capiruchos, túnicas y atributos propios de cada cofradía representando por las calles de Daimiel. Cada una de ellas escenificando cronológicamente aquello que ocurrió en Jerusalén y alrededores.

Es sin duda, la Semana Grande de Daimiel. Quienes sentimos nuestro pueblo, no dudamos en salir a la calle, procesionar con túnica o sin ella, pero manifestando a las claras nuestras convicciones cristianas.

Ya en el Pregón previo, anunciador de lo que va a acontecer próximamente, Jesús David Sánchez de Pablo González del Campo, daimieleño de pura cepa como sus apellidos revelan, alto cargo docente en la Universidad de Castilla la Mancha y Concejal de Hacienda en el Ayuntamiento de Daimiel durante nueve años hasta su voluntario adiós, nos instaba a reinventarnos por la vida, por nuestra fe, por la esperanza. Pregón de un joven aunque sobradamente preparado daimieleño, con futuro esperado por muchos en aras de poder mejorar la actualidad social, necesitada de preclaros cerebros transmisores de bondad, optimismo y mejores alternativas de vida. Confiamos en nuestro pregonero, ahora en Semana Santa, mañana donde Dios le guíe y disponga.

Los Coloraos, con su Flagelado y Amargura, congregaba al personal en torno a la Parroquia de San Pedro y alrededores. Niños, jóvenes y mayores alegraban desde el respeto y veneración la salida de la Cofradía más antigua de Daimiel, cuatrocientos cincuenta y un años la contemplan, “regular la borriquilla”…

Tintes de tremenda emoción cuando irrumpe El Nazareno en la Plaza de la Paz al amanecer de cada Viernes Santo. Emoción que se prolonga hasta los sucesivos “Encuentros” con La Virgen del Primer Dolor y posteriormente La Verónica, a los compases del “Niño Perdido”, marcha emblemática de “Los Moraos”, y por ende de Daimiel. Personas que contemplan por vez primera, la imágen de Jesús a un par de metros desde una terraza céntrica, rompen a llorar ante el impacto emocional, aumentado al comenzar a sonar “Mi Amargura” por la excelsa Banda de Daimiel, todo al unísono. Sonoridad, belleza, solemnidad, recogimiento, oración interior, recuerdos para quien recientemente nos dejó…

“Los Blancos”, “Negros” y “Corbatos”, reproducían la Pasión entre la tarde y la noche del día final de Cristo. Los colores blanco y negro en el crepúsculo, tarde – noche de túnicas y capas de raso moradas y negras, aportan toque solemne que impone y sobrecoge a nazarenos, turistas y semanasanteros daimieleños de a pie, que siguen los desfiles procesionales sin temor a las futuras dolencias vertebrales, resueltas cada año con el descanso posterior que recarga pilas y ya está.

Cristo de la Buena Muerte, marcha compuesta por el amigo
Pedro Fco. Sánchez – Valdepeñas Pozo, nos obliga al silencio ante la salida del Crucificado en posición horizontal, portado a hombros, precediendo a María Desolada, Procesión del Silencio, protagonista dicho silencio en señal de recogimiento público ante la predicación de los Siete Dolores de la Virgen, en ambiente de respeto y meditación.

A cara descubierta desfilaron el Domingo de Resurrección cofrades de las distintas hermandades, vestidos con la indumentaria de cada advocación. Acompañaron en su recorrido a la imágen de Jesús Resucitado, tras el encendido de velas con el cirio pascual por Miguel Torres, el Presidente de la Junta de Hermandades. Nazarenos de todos colores, que cantaba y continuará cantando nuestro recordado Carlos Redondo, recorrieron el centro de Daimiel entre sus calles plenas de público.

“Borriquilla” infantil, pero no tanto, con nazarenos de distintas cofradías, desafió al fuerte viento reinante que nos hizo sentir frio. Trayecto novedoso, con recorrido desde San Pedro a Santa María, previa bendición de ramos en Domingo, pues eso, de Ramos.

Vía Crucis posteriores, Martes Santo y Miércoles Santo, “Luz” y “Consuelo”, marcaron el comienzo de La Pasión desde la seriedad y el respeto propio de estas dos Hermandades, que “marcan el pulso” de la Semana Santa de Daimiel.

Luto, respeto y dolor quedaron reflejados por las mujeres vestidas con mantilla, bloques cada vez más nutridos, con incorporación de jóvenes, todas de mantilla negra y peineta, duelo por la muerte de Cristo. Elegancia y recogimiento en las madrinas de Daimiel, tradición española muestra de devoción hacia lo nuestro.

Dejamos para el final los momentos de alegría, besos y abrazos propios de esta celebración, ambientazo único que se produce en Daimiel en los días grandes de la Semana Santa. La historia se repite cada año entre rosquillas, barquillos, torrijas y roscautreras, mientras se suceden los solemnes desfiles procesionales. A destacar el novedoso y cada vez más popular “tardeo”, centros sociales -lease bares y similares plenos-, y con estampas del ayer, en la puerta de casa sentados y cambiando impresiones los vecinos del lugar, esperando el paso de la Procesión. Nada de salir a tomar el fresco, si acaso a tomar el cubata al paso y al trote de los paseantes, auténtica joya la imágen que se pudo contemplar al lado de Serrano, en pleno centro.

Y el cierre de este relato lo dejamos para el apartado musical. Varias bandas de cornetas y tambores, de calidad contrastada, nos visitaron en la mañana del Jueves Santo para realizar un espectacular concierto por la “almendra central” de nuestra ciudad, partiendo desde la Plaza de la Paz, y concentrándose de nuevo allí para homenajear al Nazareno, expuesto en el pretil de la ermita, saludando a los jóvenes componentes de cada Agrupación, cuatro en total, provenientes de distintas poblaciones de Castilla la Mancha.

Especial apartado en este espacio musical para la Banda de Los Coloraos, llegados de su extenuante periplo andaluz, con actuaciones diarias, pero que no faltaron al Jueves Santo para escoltar con su fiel compañía a los titulares que dan nombre a esta ya cualificada Agrupación Musical daimieleña, Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de la Columna y María Santísima de la Amargura.

Y broche definitivo a este largometraje para la Banda de Don Pedro. La Municipal de Daimiel, en su 150 Aniversario, bien que se hizo notar desde su cada vez más que notoria calidad. Marchas clásicas de la Semana Santa de Pasión, -”Mater mea”, “El Cristo de los Faroles” o “Nuestro Padre Jesús”, se alternaban con otras más modernas, -”Mi Amargura”, “Encarnación Coronada”, “Costalero”-, o estrenos de composiciones recientes como “Espíritu Santo” o “Madre, tu dulce nombre”. Con las consabidas marchas locales de cada titular, y la primorosa exquisitez de “Sexto Dolor”.

Pero la explosión estelar de los músicos daimieleños se produjo en el Concierto del Jueves Santo por la mañana, con la magistral interpretación de “La Isla de la Luz”, obra en tres actos que nos dejó absortos y boquiabiertos a todos los que completábamos el aforo del Teatro Ayala. Esta pieza de riguroso estreno en nuestra ciudad, ya nos anunciaba aún sin ser obra específica para estos días, un espacio aislado en nuestra tierra, una Semana Santa llena de Luz y de Pasión, isla peculiar nuestro Daimiel en Semana Santa, otra Isla de la Luz para un pueblo bien vivo.

Y no habiendo más asuntos a tratar, nos despedimos hasta el año que viene si Dios quiere. A seguir bien.

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