SEIS VERSOS Y UNA ORACIÓN

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José Ignacio García – Muñoz (Queche)

Soy nazareno de fila, costalero de mí mismo

Y desfilo el Jueves Santo, entre el cielo y el abismo

Cuando declina la tarde, porque Dios así lo quiso…

por voluntad de mis padres, porque era mi destino.

Y debajo del capillo… para mí todo es lo mismo

También pude ser morao,

Corbato, Blanco o cualquier otro, pero nací Colorao

Un nazareno de fila costalero de mí mismo

Que desfila el Jueves Santo entre el cielo y el abismo.

Alza sus ramas al cielo el olivo milenario

cuando pasa por la plaza, el que llaman nazareno,

caminando hacia el calvario.

Bajan la vista a su paso: dulcineas, daimieleños,

el Quijote, Rocinante, Sancho Panza y Clavileño.

Cornetas, trompas y tubas, el timbal y el saxofón

la noche del Jueves Santo, van marcando con su son,

balanceos de raso blanco, al sonar Flagelación.

Hieren la noche espinas, madrugá de Viernes Santo.

Con su rostro tan sereno envuelto en morado llanto,

al son del Niño Perdido, sale Jesús de La Paz de nazareno vestido

Y entre la noche y el alba, en el aire se desgrana,

melodía de oración, escrita en un pentagrama.

Puerta de Santa María, murmullo de admiración,

fulgor de blanco y morado, Cristo de la Expiración.

Plaza de la farola, Arenas, Prim, La Manola…

mudos testigos del paso de la que siempre va sola,

La de los siete puñales, la que va pisando flores,

la del corazón de plata, Señora de los Dolores.

Se abre la Puerta del Sol en el vientre de San Pedro,

de luto van desfilando los Corbatos y los Negros.

Jesucristo está dormido ya dejó de respirar.

Sosteniendo su cabeza imagen de la Piedad,

la Virgen llora en silencio, no se vaya a despertar…

Siguiendo al Santo Sepulcro sola va La Soledad.

Sábado de silencio, negra noche iluminada.

Cristo de la Buena Muerte y María Desolada.

Ya no hay voces, ya no hay risas, hay redoblar de tambores,

Siete cruces a la Virgen, la de los siete dolores.

Cuando la muerte me encuentre,

he dejado yo encargao

Que me pongan por sudario

túnica de Colorao

Y que me junten las manos

con el cordón y el rosario

Y me pongan en el pecho

del corazón santuario

Estampa de la Amargura…

y una foto de mi madre metida en un relicario.

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