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Uno del Pueblo
Las carnestolendas de hogaño bien que se manifestaron en todo su esplendor y con toda su intención. El martes de carnaval, día del río, en jornada continuada de mañana y tarde, resultó ser como siempre el día por antonomasia del auténtico carnaval de Daimiel, el carnaval histórico representado por multitud de “máscaras guarronas” comandadas por la “Máscara Guarrona” elegida por Peñas y Agrupaciones carnavaleras, auténtica voz del pueblo eligiendo a su representante, líder que será de todo este movimiento bullicioso, simpático y divertido previo a la cuaresma cristiana. Manoli Ruiz de Pascual ostentó hogaño este mando icónico representativo de nuestro carnaval.


Y como el movimiento se demuestra andando, pues de aquí para allá deambulaban las máscaras, algunas en solitario, otras agrupadas y todas desde el disfraz hilarante, estrambótico o surrealista, con el “a que no me conoces” por delante, aunque algunos “carnavalearon” a “jeta” descubierta con maquillaje liviano que no ocultaba rasgos reconocibles de personajes clásicos del disfraz, daimieleños artífices todos ellos de este ambiente, todos ellos auténticos líderes generosos y desinteresados, que nos conducen un año más por el camino del briboneo, pero desde el positivismo, el optimismo, bondad, valentía, desinhibición…, y ganas de pasarlo genial, de vicio, de miedo, increíble, bomba… de puta madre hablando en plata.



En baúles arcaicos o en armarios de antaño, se guardan de un año para otro auténticos vestigios del carnaval de Daimiel, ropajes que volverá a servir para combinaciones estrafalarias propias y adecuadas para la expresión más real de máscara guarrona daimieleña. No hacen falta ordenadores para diseñar embozos o atuendos que cambien la identidad de estos artistas. Basta la ocurrencia sobre la marcha al desempolvar de nuevo el baúl. Ah!, y todo esto del disfraz carnavalero, conecta a todas las clases sociales, nada de distingos que no sea el propio esperpento cómico bajo una máscara y brillando con luz propia.


En todo caso, personajes bullangueros e inquietos, a veces escandalosos con voces agudas, tirando a femeninas, pero siempre alegres y transmitiendo alegría a todo el personal. Carnavaleros con almas de payasos, pero con el arte del arlequín en busca de superar la seriedad del resto de los días del año. Quien no entiende las bromas no puede comprender la seriedad.

Ya lo dejó dicho la gran Celia Cruz, “la vida es un carnaval”. Aquí en Daimiel, desde luego, el martes de carnaval, briboneo total…
Y el año que viene, más.
